Tema central

El sinuoso regreso de la economía heterodoxa

Por lo que concierne al resto de la región sudamericana, la influencia del pensamiento económico heterodoxo propiamente dicho sobre las izquierdas ha sido poco relevante comparada con los casos examinados. Por lo general, los esfuerzos de los gobiernos de Bolivia, Venezuela y Ecuador se han dirigido hacia la construcción de un nuevo imaginario político, en el cual se restablecía el primado de la política sobre la economía, como reacción al conjunto de las decisiones impuestas previamente por las instituciones internacionales sobre los distintos países. De esa manera, la crítica del neoliberalismo se encauzó hacia una categoría primariamente política, es decir la «soberanía», y dejó al margen el discurso económico heterodoxo. No sorprende entonces que las izquierdas de la Alianza Bolivariana hayan apuntado principalmente a recuperar a los pensadores nacionales y los actores de la lucha de la liberación, desde Simón Bolívar hasta Juana Azurduy.

Además, se hizo hincapié en la herencia cultural de los pueblos originarios para relanzar la actualidad de formas asociativas como las pequeñas comunidades locales y las asambleas, como herramientas para construir desde abajo procesos de transformación social (el Poder Comunal en Venezuela). Un excelente ejemplo de esta actitud se encuentra en el volumen El pensamiento económico de Hugo Chávez, de Alfredo Serrano Mancilla6, en el cual se analizan las fuentes y las lecturas que inspiraron la acción del líder bolivariano. Es llamativo el hecho de que entre ellas encontramos al filósofo István Mészáros, el epistemólogo Oscar Varsavski, el pensador marxista Antonio Gramsci, a los políticos y pensadores latinoamericanos Simón Bolívar, Simón Rodríguez, Omar Torrijos, Juan Velasco Alvarado, Juan José Torres, Juan D. Perón y finalmente, como único economista, al institucionalista estadounidense John Kenneth Galbraith.

Sin embargo, cabe destacar que las dificultades que las economías de estos países evidenciaron en el último año determinaron un cierto acercamiento de los gobiernos a los análisis económicos heterodoxos. En particular, se destacan la organización en Bolivia del ii Congreso de la Asociación de Pensamiento Económico Latinoamericano (apel), cuyo objetivo es «aportar al debate sobre las políticas públicas que coadyuven al sostenimiento del proceso de crecimiento con inclusión y permitan superar las limitaciones actuales de América Latina» –aunque sin grandes cambios en la «exitosa» política macroeconómica interna– y las ocho «Tesis económicas del chavismo» elaboradas por Serrano Mancilla durante septiembre de 2016. En este sentido, es probable que la relación entre los países de la Alianza Bolivariana y la economía heterodoxa se profundice aún más en un futuro próximo, aun si la principal razón de semejante acercamiento parece ser puramente instrumental: la búsqueda de un «plan b» frente a los acontecimientos estadounidenses y británicos, cuyo impacto podría ser catastrófico.

En conclusión, podemos afirmar que la relación entre economía heterodoxa e izquierdas latinoamericanas ha sido tortuosa durante la última década. Más allá de un claro interés y también de una manifiesta voluntad de cambiar el paradigma económico de referencia de la región sudamericana, no se ha logrado superar definitivamente al bloque histórico ortodoxo, hegemónico durante las décadas pasadas. Por un lado, se puede encontrar una explicación de este fenómeno en las decisiones de los gobiernos elegidos democráticamente, que en muchos casos han optado por un camino gradualista y no confrontativo en el ámbito del debate económico propiamente dicho.

Por otro lado, un análisis más cuidadoso de los acontecimientos políticos y económicos recientes nos debería llevar a destacar no tanto la crisis sino la resiliencia del neoliberalismo, a pesar de la tremenda recesión comenzada luego de la quiebra de Lehman Brothers y de sus catastróficas consecuencias sobre las sociedades del hemisferio norte. Este fenómeno paradójico se ha discutido ampliamente en la literatura económica. En La extraña no-muerte del neoliberalismo7, por ejemplo, Colin Crouch destaca de qué modo el escenario global poscrisis se caracteriza por una mayor centralización de los capitales tanto industriales (léase: empresas transnacionales) como financieros (léase: bancos).

Desde una posición que comparte el diagnóstico de Crouch, Mirowski agrega algunos elementos cruciales para entender la complicada coyuntura que estamos viviendo, en su libro Nunca dejes que una crisis te gane la partida. ¿Cómo ha conseguido el neoliberalismo, responsable de la crisis, salir indemne de la misma?8. En su análisis, el neoliberalismo es el producto de un pensamiento colectivo y facetado, que logra mantenerse hegemónico y paralizar a sus opositores gracias a su estrategia de la matrioska: sutilezas para los insiders de la disciplina económica e ignorancia para los outsiders. Milton Friedman, por ejemplo, destacaba que la causa de la recesión de 1929 fue la ausencia de intervención de la Reserva Federal y a la vez publicaba columnas semanales en Newsweek diciendo todo lo contrario y acusando a la intervención estatal de ser causa única de la misma crisis.

Desde este punto de vista, las dificultades evidenciadas por los gobiernos regionales serían también un reflejo de la fuerza demostrada por el neoliberalismo y, por ende, de la teoría económica ortodoxa a escala global.

  • 6.

    El Viejo Topo, Barcelona, 2014.

  • 7.

    Capital Intelectual, Buenos Aires, 2012.

  • 8.

    Deusto, Barcelona, 2014.