Tema central

El sinuoso regreso de la economía heterodoxa

En definitiva, tanto Brasil como Uruguay muestran que si bien existieron puntos significativos de contacto con el debate económico heterodoxo contemporáneo, no se puede hablar de un nuevo clima de época. En un sentido general este juicio es extensible también a Argentina, aunque la influencia del pensamiento heterodoxo fue indudablemente superior en este último caso. De manera esquemática, podemos afirmar que la influencia del pensamiento heterodoxo en Argentina aumentó constantemente de intensidad a lo largo de los 12 años de gobierno kirchnerista. Durante el primer gobierno de Néstor Kirchner, el Ministerio de Economía fue ocupado por Roberto Lavagna, un economista ecléctico, abierto a los aportes de la economía heterodoxa. De hecho, la interrupción de las misiones del fmi en 2003 y la sucesiva reestructuración de la deuda argentina en default en 2005 son difícilmente compatibles con los típicos supuestos de la economía mainstream.

Sin embargo, en este primer mandato la influencia del pensamiento heterodoxo fue mayor en las políticas que se implementaron en el mercado de trabajo. A partir de 2005, Argentina fue uno de los pocos países que implementaron planes de trabajo garantizados (job guarantee) después del experimento estadounidense de la «War on Poverty» del presidente Lyndon B. Johnson, durante los años 60. Con el Plan Jefes y Jefas de Hogar Desocupados se crearon dos millones de empleos sociales (con un desembolso correspondiente a 1% del pib): a cambio de cuatro horas diarias de trabajo comunitario o social, se pagaba un salario mínimo.

La idea de un plan de job guarantee fue elaborada originariamente por el economista heterodoxo estadounidense Hyman P. Minsky (quien solía definirse como institucionalista y keynesiano-financiero). La idea básica es que las épocas de recesión prolongada y de alto desempleo convierten la desocupación en un fenómeno estructural y de largo plazo. A su vez, esto implica obsolescencia de la mano de obra desempleada, que termina expulsada del mercado de trabajo de una manera permanente. De esa forma, cuando un país vuelve a crecer y a generar puestos de trabajo, seguirá exhibiendo un alto porcentaje de población inactiva, que quedará al margen de la sociedad. Para evitar que esto ocurra, Minsky propone la creación de puestos de trabajo por parte del Estado (es decir, un Estado «empleador de última instancia»), a condición de que el salario mensual sea igual (y nunca superior) al salario mínimo. Una vez que la economía se reactiva (también gracias a los nuevos empleos), la demanda de trabajo del sector privado aumenta, lo que hace aumentar los salarios del sector privado y permite reabsorber progresivamente a los trabajadores empleados en los «planes» (atraídos por los salarios superiores).

En épocas más recientes, este ámbito de estudios ha sido profundizado por varios economistas aglutinados en el Levy Economics Institute, entre ellos Randall Wray y Pavlina Tcherneva, quienes en 2003-2005 colaboraron con la elaboración de los planes del gobierno argentino. No obstante, sería excesivo afirmar que la política económica argentina hasta 2010 fue «heterodoxa». Principalmente esto se debe a la política monetaria y al perfil de los altos cargos del Banco Central de la República Argentina (bcra). Durante los años 2003-2010, la presidencia de esa institución fue ocupada por economistas (muy) ortodoxos como Alfonso Prat-Gay (ministro de Hacienda del gobierno de Mauricio Macri durante 2016) y Martín Redrado. Además, el bcra siguió siendo una entidad autónoma cuyo objetivo principal era garantizar la estabilidad de los precios.

Esta situación se modificó en enero de 2010, cuando fue nombrada presidenta del bcra la economista heterodoxa Mercedes Marcó del Pont. Las nuevas autoridades del banco reformaron la Carta Orgánica de la institución y mostraron una inequívoca cercanía con la postura típica de los economistas poskeynesianos. Como evidencia el artículo 3 de la nueva Carta Orgánica, con la reforma se terminó la independencia del bcra y cambió su objetivo principal: «El banco tiene por finalidad promover, en la medida de sus facultades y en el marco de las políticas establecidas por el gobierno nacional, la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social».

Además, en distintas ocasiones Marcó del Pont manifestó su adhesión a la teoría del dinero endógeno (es decir, la teoría monetaria heterodoxa que rechaza la teoría cuantitativa del dinero y niega que la emisión de moneda sea inflacionaria). De esa forma, las tradicionales Jornadas del Banco Central, que en la década de 1990 habían sido una pasarela para economistas ultraortodoxos de todo el mundo, se transformaron en el gotha del pensamiento heterodoxo mundial e incluyeron la participación de los más conocidos entre los economistas poskeynesianos, marxistas y estructuralistas contemporáneos (entre ellos, Marc Lavoie, Anwar Shaikh, Mark Setterfield y Philip Mirowski).

Esta etapa de creciente cercanía entre las autoridades económicas argentinas y la economía heterodoxa siguió hasta el final del segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner. En 2013, Axel Kicillof (un economista heterodoxo de formación marxista, pero cuyo ámbito de investigación ha sido la economía keynesiana5) fue nombrado ministro de Economía. Desde el comienzo de su mandato, el background teórico heterodoxo de Kicillof se manifestó en distintas ocasiones: una de las más emblemáticas fue el caso de la Secretaría de Política Económica, que pasó a llamarse de Política Económica y Planificación del Desarrollo, lo que interrumpió la «conspiración del silencio» que había afectado a la palabra «planificación» durante décadas. Podemos entonces afirmar que en el breve lapso 2013-2015 Argentina fue el único país sudamericano cuyas autoridades económicas procedían por completo del campo de la economía heterodoxa.

Sin embargo, esta situación inusual y potencialmente fecunda no implicó el surgimiento de una nueva hegemonía en el ámbito académico. En ninguna de las principales universidades nacionales del país (La Plata, Buenos Aires, Córdoba, Mendoza) cambiaron los programas de estudio y la enseñanza siguió monopolizada por las corrientes más ortodoxas. Frente a la imposibilidad de acceder a estas instituciones, la economía heterodoxa quedó relegada a unas pocas universidades del conurbano bonaerense (San Martín, Quilmes, General Sarmiento, Moreno).

  • 5.

    Ver A. Kicillof: Fundamentos de la teoría general. Las consecuencias teóricas de lord Keynes, Eudeba, Buenos Aires, 2008.