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El «outsider»: Turquía y la utopía europeísta

Centralización del poder. El 16 de abril de 2017, en el marco de ásperas discusiones, un referéndum aprobó el proyecto de enmienda constitucional para cambiar el sistema político de un sistema parlamentario a uno presidencialista. El cambio propuesto entrará en vigor en 2019 –cuando se realicen las próximas elecciones– y la enmienda constitucional –con sus 18 cláusulas– producirá un cambio significativo en el funcionamiento del gobierno turco, en el cual la administración presidencial tendrá un rol fundamental. Entre otros elementos, se concede al presidente una función ejecutiva y se elimina la figura del primer ministro, elegido hasta la fecha por el Parlamento.

Hoy en día, los relatos en torno del nuevo sistema presidencialista muestran un importante grado de polarización. Por un lado, los defensores del nuevo sistema argumentan que inaugurará un nuevo periodo de estabilidad y prosperidad en un momento en el que Turquía se ve azotada por enemigos internos y externos. Por el contrario, los opositores al nuevo régimen –representados por los kemalistas del Partido Republicano del Pueblo (chp, por sus siglas en turco) y el prokurdo Partido Democrático de los Pueblos (hdp)– advierten que Turquía se convertirá en un régimen autocrático.

Los prolegómenos del referéndum trajeron una nueva ola de tensión, tanto por la intención del oficialismo de llevar la campaña electoral a las importantes comunidades turcas en Europa, como por la resistencia de varios países de la ue –entre ellos, Holanda y Alemania– a que esto se materializara. La situación llegó a un punto en el cual Holanda prohibió el aterrizaje del avión del ministro turco de Asuntos Exteriores, Mevlüt Çavuşoğlu, quien viajó un mes antes de la votación a Róterdam. Otro ministro turco que había llegado a esa ciudad por tierra también fue expulsado del país y, luego de estos episodios, Çavuşoğlu declaró que Turquía estaba evaluando cancelar el acuerdo de refugiados19. Paradójicamente, este tipo de acciones benefició al oficialismo turco y, tanto en Holanda como en Alemania, los números del referéndum favorecieron al cambio de sistema por amplia mayoría. Luego de la consulta, el informe de observación electoral de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (osce) señaló algunas irregularidades en el referéndum. Frente a ello, Erdoğan subió la apuesta y amenazó con impulsar una nueva consulta, pero esta vez sobre la continuidad del proceso de acceso a la ue.

Además, existen especulaciones acerca de la realización de un potencial referéndum sobre la pena de muerte que significaría la finalización automática de las negociaciones con la ue. Durante un debate sobre la situación en Turquía en abril de 2017, el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, advirtió que la ue no tiene la intención de cerrarle la puerta a Turquía pero que los acontecimientos se están desarrollando en sentido opuesto a la construcción europea, y calificó la pena de muerte como «una línea roja inviolable»20. Sin embargo, la posibilidad de un referéndum semejante parece ser parte de una estrategia interna para lograr mayor apoyo político mediante un discurso nacionalista, en el marco de una sociedad que percibe a Europa con escepticismo y con preocupación por la creciente islamofobia.

Europa sin Turquía: una trayectoria previsible pero transformable

Las encuestas marcan que los europeos no quieren a Turquía como miembro pleno, mientras que en Turquía el interés de ser miembros de la ue ha ido decreciendo21. La ue ya no ocupará el lugar que tuvo en la agenda nacional e internacional durante los años 90 o en el primer mandato del akp, en el cual llevó adelante importantes transformaciones institucionales y económicas en línea con los requerimientos europeos. Si bien la adhesión a la ue –o las relaciones con Europa en el sentido amplio– seguirá siendo una de las preocupaciones turcas, no será la principal. En materia de relaciones exteriores, Turquía se encuentra en el medio de un «triángulo de inestabilidad» entre el Mar Negro bajo hegemonía rusa, la desaparición fáctica de entidades estatales en su frontera sureste –Iraq y Siria– y las tensiones permanentes en el Cáucaso.

Por último, un elemento a destacar de las lecturas que se realizan desde América Latina sobre las vinculaciones entre Turquía y la ue es el excesivo eurocentrismo, sostenido en una imagen distorsionada de la influencia de Bruselas sobre Ankara. Si bien la ue es un actor importante, hoy en día su rol se ha visto desdibujado en el esquema general de la política interna y externa turca. En tiempos de revitalización del poder militar en Eurasia y Oriente Medio, la «potencia normativa» europea ve su rol disminuido en relación con otros actores regionales y globales. La dinámica de la política interna turca –sobre todo la presión para resolver la cuestión kurda– y la necesidad de garantizar un entorno de seguridad regional estable y pacífico en Oriente Medio y el espacio postsoviético adyacente a Turquía son factores más decisivos que la dimensión europea de su política exterior.

Turquía, al menos por ahora, permanece como un socio para la ue, por lo que, aunque la trayectoria interna no esté en consonancia con los principios europeos, ambos espacios seguirán abiertos al diálogo y la cooperación en aquellos temas de agenda en los cuales tengan puntos de convergencia. De todas maneras, los factores que han contribuido a aumentar la grieta entre Ankara y Bruselas probablemente seguirán en vigor, ya que ni la ue está desarrollando la capacidad de absorber a Turquía como un nuevo miembro, ni Turquía está decidida a pagar los costos de la adhesión. Además, Reino Unido –principal interlocutor en la ue y modelo institucional como «socio especial»– se encuentra en proceso de salida22.

Sin embargo, esta coyuntura provee otra oportunidad para replantear las relaciones entre Turquía y Europa desde el nuevo paradigma de la «salvaguardia» –más que de la «europeización»–, en el cual Ankara tendría un potencial rol como socio en Oriente Medio, África del Norte y el Mediterráneo oriental, teniendo en cuenta las nuevas prioridades europeas en materia de lucha contra el terrorismo y el crimen organizado. Entre 1997, cuando la ue rechazó la incorporación de Turquía como candidato, y 2003, las perspectivas de cooperación fueron interpretadas como el fin del proyecto europeísta, pero las dinámicas bilaterales demostraron la posibilidad de encarar otra etapa de cooperación. En este sentido, el acuerdo por los refugiados podría ser considerado una primera experiencia en la dirección de un nuevo paradigma, y quizás no sea la última. La actual crisis no significa que se rompa del todo el vínculo –tradicionalmente complejo– entre turcos y europeos.

  • 19.

    «Mevlüt Çavuşoğlu: ab ile mülteci anlaşmasını iptal edebiliriz» en Posta, 15/3/2017.

  • 20.

    «La Eurocámara no ve realista negociar la adhesión con Turquía, pero pide mantener la cooperación» en Europa Press, 26/4/2017.

  • 21.

    Sami Kohen: «Kamuoyu dış politika için ne diyor?» en Milliyet, 19/1/2017; «Resistance against Turkish eu Membership Highest in Germany: Poll» en Politico, 19/5/2017.

  • 22.

    Sener Aktürk: «Incompatible Visions of Supra-Nationalism: National Identity in Turkey and the European Union» en European Journal of Sociology vol. 48 No 2, 2007.