Tema central

El orteguismo y sus circunstancias Claves de un éxito volátil

Las trampas de la fe

Por el momento, los depósitos bancarios van en aumento, hay un boom de la construcción y la economía crece. Elites y organizaciones de base han creído cooptar en su favor el populismo en versión Ortega-Murillo. Los dirigentes de las federaciones de cooperativas, la Asociación de Trabajadores del Campo y la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos han obtenido prebendas y sinecuras que los han dejado ahítos. Las elites mantienen y suman más privilegios, una legislación laboral neoliberalizada (flexibilidad laboral, múltiples modalidades de contrataciones) y una estabilidad que envidian sus pares de la región. Los gobiernos de Arnoldo Alemán (1997-2002) y Enrique Bolaños Geyer (2002-2007), que precedieron al sandinismo reloaded, fueron sacudidos por crisis del café, conflictos entre viejos y nuevos mandos de la Policía Nacional y quiebras, salvatajes y fusiones bancarias. En la era de Ortega hay estabilidad y el sector financiero luce boyante: hay un notable incremento de los depósitos y las colocaciones crediticias.

Ambos polos –sectores populares organizados y cúpula empresarial– suponen haber domesticado el populismo orteguista y haberlo puesto al servicio de sus intereses. Pero esta fe en sus logros como agentes negociadores emerge de una fe en el poder de las políticas públicas. Las posibilidades de mantener ciertas condiciones se han basado solo parcialmente en la estrategia del gobierno y constituyen un logro volátil, porque se han montado sobre las donaciones/préstamos de Venezuela, deuda cuyo peso se sentirá a medida que venzan los plazos. Los otros factores de esas condiciones no dependen de las estrategias de Ortega. Son factores macroeconómicos: los precios favorables de los principales productos de exportación (carne, lácteos, café, oro), las inversiones extranjeras y las remesas que envían los migrantes a sus familiares. En los últimos dos años los precios de los productos de exportación cayeron, pero la economía no se resintió porque ese descenso vino acompañado del declive de los precios del petróleo y, de forma concomitante, de un incremento del consumo interno. El golpe también ha sido amortiguado por el continuo crecimiento de las remesas y la inversión extranjera, que llega imantada por los bajos salarios, el bajo costo de la tierra, la flexibilidad laboral, la estabilidad política y la posibilidad casi ilimitada de obtener acuerdos ad hoc mediante lubricaciones pecuniarias a las conexiones políticas.

Pero esta bonanza tiene los pies de barro. Los nuevos empleos son de baja productividad porque se concentran en el sector informal. La muy publicitada reducción de la pobreza no es tal. La pobreza se mide en parte por la relación entre personas dependientes y trabajadores activos en cada hogar. Dado que la pirámide poblacional ha favorecido la multiplicación de hogares –a medida que la numerosa población adolescente se convierte en población adulta–, la pobreza decrece porque mengua la cantidad de personas dependientes en cada hogar, pero no por una mejora de la productividad o de la calidad del empleo14. Y cualquier perturbación a la estabilidad –como la que podría derivarse de la Ley nica– puede cambiar de un plumazo las condiciones macroeconómicas sobre las que descansa el régimen. Sus aliados podrían empezar a sentir que ya no logran «domesticar» las estrategias del orteguismo. Y en realidad no se trata del orteguismo, sino de sus circunstancias, pero para efectos prácticos da igual: los aliados –elites y sectores populares–concluirán que ya no tienen cabida en el clientelismo del siglo xxi.

En suma, el hecho de que el autoritarismo de Ortega no tambalee por perturbaciones externas e internas descansa sobre el papel marginal que Nicaragua ha jugado en la geopolítica actual de eeuu, la división de las elites, el mecenazgo del socialismo rentista venezolano que ha pagado programas sociales y subsidios, la cooptación de los presuntos cooptadores mediante pactos más o menos explícitos y las condiciones externas favorables. El fin de la ayuda venezolana es un dato que cambia este panorama y puede forzar a un replanteamiento del esquema de alianzas. La inestabilidad que puede derivarse de esta reconfiguración es un riesgo letal para el régimen, porque Nicaragua podría recuperar importancia para eeuu, las elites podrían presentar un frente unificado, los sectores populares revelarse y la inversión externa menguar, lo que daría lugar a un círculo vicioso –desde el punto de vista del fsln– donde unos factores catapultan el desarrollo de otros. Quizás la oposición contempla este escenario. Lo que no considera es que, más allá del giro que tomen los acontecimientos, la estabilidad futura de Nicaragua y la posibilidad de avanzar hacia una mayor equidad estarán vinculadas a lo que suceda con esa formidable y extremadamente hábil maquinaria política en que se ha convertido el fsln, un partido con un tendido social y unos estrategas de los que no dispone ninguna otra fuerza política.

  • 14.

    A. Grigsby: ob. cit.