Tema central

El malentendido latinoamericano

La diferenciación progresiva de los países latinoamericanos ha contribuido a alimentar un proceso paralelo: la fragmentación organizativa. Así, una miríada de organizaciones regionales ha proliferado sin que las más recientes substituyan a las más antiguas y superponiéndose, por el contrario, en capas mal encajadas15.

Escenarios externos

La distribución del poder mundial está cambiando. Pero, contra lo que algunos líderes latinoamericanos esperaban, no se transfiere del Norte al Sur sino de Occidente a Oriente. Ante un multilateralismo impotente, las grandes potencias ganan margen de acción frente a sus vecinos y a las organizaciones internacionales. Las brechas de poder cobran más relevancia en un mundo donde las instituciones pierden capacidad regulatoria. Así, Alemania aún consigue marcar el rumbo de la ue pero Brasil es incapaz de hacer lo propio en América del Sur.

La forma en que los países latinoamericanos se inserten en este mundo en transición depende de dos factores, uno estratégico y el otro económico. El estratégico se vincula a eeuu, que seguirá siendo la única potencia con intereses e influencia relevantes en el continente. El económico está ligado a la evolución de las economías estadounidense y china y a la posible emergencia de la India, únicos países cuyos mercados pueden funcionar como impulsores del crecimiento latinoamericano.

Entonces, ¿qué futuro le espera a la región en sus relaciones con el inevitable eeuu, la emergente China y el resto del mundo?

En los años por venir, América Latina no avanzará en el camino hacia la integración regional (entendida como soberanía compartida). Tampoco es probable que aumente la coordinación de políticas públicas salvo en subregiones y dimensiones políticas limitadas. Como consecuencia, las relaciones con eeuu en términos de comercio, inversiones y regulaciones serán administradas de manera independiente por cada país, o por pequeños grupos de países, sin desarrollar un patrón común. Tres escenarios son concebibles: un mundo pacífico y con crecimiento económico, uno con conflictos puntuales y estancamiento económico (como el actual) y otro en el que conflictos generalizados conviven con crisis económicas. En el primer caso, las relaciones interamericanas serán buenas; en el segundo, administrables; y en el tercero, impredecibles. Pero en todos los casos, algunos Estados mantendrán relaciones intensas con eeuu (por ejemplo, México y los centroamericanos), mientras que otros oscilarán entre el alejamiento y el conflicto.

Las áreas de convergencia en las relaciones interamericanas seguirán siendo las de alta política: armas nucleares y terrorismo. Los intereses y amenazas de la mayor parte de los países del hemisferio están alineados, y es difícil que esto cambie salvo que se produzca el escenario negativo.Entre las áreas de mayor rispidez se mantendrán el narcotráfico y las migraciones, asuntos que encuentran a América Latina y eeuu en veredas opuestas: una como emisora de droga y de migrantes, el otro como receptor. Estas áreas, paradójicamente, permiten un mayor margen de maniobra para América Latina porque dependen de decisiones políticas más que de factores estructurales. Si la alternativa al prohibicionismo que propusieron los ex-presidentes Fernando Henrique Cardoso, César Gaviria y Ernesto Zedillo16 fuera adoptada, eeuu se convertiría –para su propio beneficio– en tomador de políticas en lugar de formador. La regulación de los flujos migratorios también depende, y cada vez más, de la coordinación entre los países de origen y destino, como lo admite tácitamente la propuesta de responsabilizar a los Estados emisores mediante el financiamiento de muros fronterizos.

Las áreas de mayor incertidumbre en las relaciones interamericanas son la energética y la territorial. La cuestión energética depende de los precios internacionales y de la innovación tecnológica, de la cual América Latina es fuertemente dependiente. La cuestión territorial se refiere a posibles colapsos estatales que provocarían inestabilidad regional y oleadas de refugiados, muchas de ellas dirigidas hacia eeuu. Cuba y Venezuela son los casos más temidos.

También con China las relaciones seguirán fragmentadas por subregiones. Dos características favorecerán una mayor intervención del gigante en los países de la región: la distancia geográfica de eeuu y el potencial de producción de alimentos y energía. Los Estados sudamericanos quedan así más expuestos, para bien o para mal, que los centroamericanos o México. A su vez, el perfil de actuación chino tendrá dos características: por un lado, se limitará a la economía y no pretenderá disputar política o militarmente la hegemonía norteamericana; por otro, tenderá a aproximarse vía crédito más que inversiones, manteniendo el control como acreedor en vez de compartir los riesgos como socio. Esto, que los líderes latinoamericanos pueden presentar como respetuoso de la soberanía (en contraposición con la entrada directa que China ha practicado en África), esconde el fantasma de una nueva dependencia. Casi 70 años después de la fundación de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), América del Sur sigue siendo un exportador de commodities, al tiempo que la «industrialización exportadora» de México se explica sobre todo por las maquiladoras.En cuanto a la cooperación con el Sur global, que incluye a los países en desarrollo de África y Asia, difícilmente se produzca una evolución significativa. Dada la gran cantidad de países y la heterogeneidad de sus preferencias, las dificultades de coordinación son enormes. Y los incentivos son escasos porque las necesidades de estos países también se concentran en capital y tecnología, productos que se siguen importando del mundo desarrollado.

En el futuro de América Latina no se vislumbran países del continente que operen como «ordenadores económicos». Los polos internos no tienen peso suficiente: México orbita dentro del área gravitatoria del mercado estadounidense, Brasil falló el despegue y fue eclipsado por China, y las demás economías carecen de escala. Lejos están los tiempos de la influencia europea, cuya presencia en la región es hoy fragmentaria y declinante. América Latina acompaña la emergencia de un mundo multipolar reproduciendo, en su interior, las corrientes de fragmentación y heterogeneización. En consecuencia, la Patria Grande se vuelve cada vez más multi (hacia adentro) y cada vez menos polo (hacia afuera). No es tan grave: en términos históricos y comparativos, una región irrelevante pero democrática y sin guerras es un lujo. Y quizás dentro de poco sea una excepción.