Tema central

El malentendido latinoamericano

La heterogeneidad interna

La comparación del pib per cápita ayuda a percibir dos cosas: cómo se ubica América Latina en el mundo y cuán heterogénea es internamente. En el cuadro de la página siguiente, se observa que, en 2015, seis países se ubicaban por encima de la media global, mientras que los demás se ubicaban por debajo. Así, los países más ricos de la región aparecen mezclados con los «pobres» de la Unión Europea. Los latinoamericanos más pobres, sin embargo, están al mismo nivel que los países del África subsahariana y los países de renta media se localizan en un nivel similar a los del norte de África. Esta dispersión entre la opulencia y la miseria encuentra a Brasil, la mayor potencia regional, en un puesto anodino: se alinea con el promedio mundial.

En los países menos afortunados del continente, la pobreza está acompañada de inestabilidad política y violencia social, dada la dificultad del Estado para garantizar la ley y el orden. El ejemplo más claro es Haití, aunque la mitad de los países centroamericanos también presentan índices desalentadores. Las redes criminales –especialmente las financiadas por el narcotráfico– constituyen una amenaza creciente para la nueva prosperidad latinoamericana. Sin embargo, incluso esta característica está irregularmente distribuida: mientras los países del Cono Sur, que además son los más ricos de la región, ostentan tasas de homicidio de entre tres y siete casos cada 100.000 habitantes, Brasil, Colombia y México superan los 20 casos y El Salvador, Honduras y Venezuela pasan ampliamente los 60. Las tendencias también son divergentes: mientras Colombia, que supo ser el país más violento de Sudamérica, redujo significativamente su tasa de homicidios, Venezuela la vio dispararse (v. gráfico 1).

En síntesis, algunos países de América Latina gozan hoy de niveles de democracia y prosperidad que se aproximan a los de Europa. En comparación con décadas pasadas, en que predominaban las dictaduras y la pobreza, esto constituye un progreso. Pero otros Estados de la región exhiben indicadores mediocres o incluso lúgubres, que alimentan una rampante diferenciación intrarregional. Un aspecto clave que refleja las diferencias entre los países del continente es la capacidad estatal. Centeno construye un índice con el que clasifica a los países en función de la media regional11. Considerando dimensiones tales como la capacidad tributaria, el imperio de la ley, la eficiencia burocrática y la provisión de servicios, su análisis ubica a Chile y Brasil en el grupo más avanzado; en un segundo grupo se incluyen Uruguay, Costa Rica, México y Colombia; en un tercer grupo, Argentina, El Salvador y Panamá; los países restantes ocupan el fondo de la tabla (salvo Cuba, que no está incluida en el estudio). El autor concluye que la capacidad del Estado no es una mera función de la riqueza o del tamaño del país, aunque existe un grado de correlación importante. En cualquier caso, el dato más significativo vuelve a ser la disparidad. Esta también se refleja en la estructura impositiva, con países como Argentina y Brasil donde se acerca a 40% del pib, mientras que en la mitad de sus vecinos no llega a 20% (gráfico 2).

Otro aspecto de diferenciación es el índice de desarrollo humano (idh). América Latina es una de las regiones más heterogéneas del mundo, ya que cuenta con países en las cuatro categorías de desarrollo: muy alto, alto, medio y bajo (en contraposición, Europa, América del Norte e incluso Asia continental y África aparecen más uniformes, sea en niveles altos o bajos). Así, mientras Argentina y Chile aparecen con un nivel de desarrollo humano muy alto (similar a eeuu y Europa), Haití se encuentra en la categoría baja (como la mayoría de los Estados africanos) y Bolivia, Paraguay y la mayoría de América Central, en el nivel medio (como la India y China). Brasil y México, junto con los restantes países de Sudamérica más Costa Rica y Panamá, califican como países de desarrollo alto (a la par de Argelia o Turquía)12.

La diferenciación interna de América Latina se manifiesta también en el grado de modernización económica y de inserción internacional. La bibliografía convencional refiere casos exitosos como Brasil, Chile y México13. Cada uno de ellos ha diseñado un modelo de desarrollo y una estrategia de integración económica propios: Brasil habría optado por una política de industrialización con base regional y orientada a la exportación, aunque últimamente su pauta exportadora se haya reprimarizado; Chile adoptó una estrategia de apertura unilateral e inserción global basada en sus ventajas comparativas, que se cristalizó en múltiples tratados bilaterales y multilaterales con independencia de la región; y México se inclinó por la profundización de su asociación con eeuu, país al que envía 80% de sus exportaciones y cuyo mercado le ha permitido convertirse de potencia petrolera en exportador de manufacturas. Sería esperable que estos países mantengan el rumbo elegido ya que, con distintos ritmos, esto les ha permitido cierto crecimiento económico, la consolidación de la democracia y mejoras en la calidad de vida. Lo destacable es que la diferenciación regional no se produce solo en función del desempeño, separando a los países exitosos de los menos afortunados, sino que los casos exitosos también divergen profundamente entre sí.

La organización Freedom House destaca que, aunque la región se clasifica en el segundo puesto en libertad y respeto por los derechos humanos, solo detrás de Europa occidental, «un aumento de la criminalidad violenta y de los gobiernos populistas con tendencias autoritarias ha provocado un retroceso en varios países. Entre otras cuestiones relevantes para los derechos humanos, partes de la región sufren de amenazas a la libertad de prensa, incluyendo violencia contra periodistas y violaciones a las libertades de asociación y reunión»14. La clave de este informe, datado en 2013, es que no establecía una tendencia regional sino una divergencia creciente entre dos grupos de países. Con la excepción de Cuba, que aparece como nación no libre, nueve Estados (incluyendo a Argentina, Brasil y Chile) son libres y diez (incluyendo a Colombia, Venezuela y México) aparecen como parcialmente libres, aunque Venezuela ha empeorado. Los informes de años subsiguientes confirman tendencias declinantes insertas en un patrón de divergencia creciente.

  • 11.

    M.Á. Centeno: «El Estado en América Latina» en Revista cidob d’Afers Internacionals No 85-86, 2009.

  • 12.

    «Indicadores internacionales de desarrollo humano», disponible en http://hdr.undp.org/en/countries.

  • 13.

    Javier Santiso: Latin America’s Political Economy of the Possible: Beyond Good Revolutionaries and Free-Marketeers, mit Press, Cambridge, 2006.

  • 14.

    V. www.freedomhouse.org/regions/americas, fecha de consulta: 18/5/2013, mi énfasis.