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Derechas locales, ¿tendencias globales? Hungría, Polonia y más allá

En las elecciones de 2002, la coalición de los socialdemócratas (mszp) y liberales (szdsz) le ganó por 41,5% de los votos a la coalición Fidesz/mdf en una intensa lucha política, con un número récord de votantes que alcanzó el 73%. Con el nuevo primer ministro Péter Medgyessy, líder de un gobierno socialista-liberal, comenzó la caída libre de la economía húngara. En 2003, 83% de los húngaros votaron a favor de entrar en la Unión Europea y el país fue admitido al año siguiente junto con otras nueve naciones. En 2004, Medgyessy renunció, en un marco de estancamiento económico, aumento de la inflación y disminución del poder adquisitivo de la población, y el Parlamento eligió a Ferenc Gyurcsány (del mszp) como primer ministro.

A pesar de las dificultades, en las elecciones de abril de 2006 Gyurcsány reforzó las posturas de izquierda en la coalición de los socialdemócratas y liberales y consiguió 54% de los votos y 210 escaños. Pero en una reunión que se suponía confidencial, se filtró un discurso en el que el primer ministro admitía que el mszp le había mentido al electorado y confesaba actos de corrupción. Esto provocó protestas masivas en contra del gobierno; los manifestantes exigieron su renuncia, aunque Gyurcsány logró mantenerse en el poder por tres años más. En 2008, Hungría declaró la bancarrota estatal y fue rescatada gracias a una ayuda de la ue de 20.000 millones de euros.

Entre tanto, Orbán iba girando hacia posiciones cada vez más duras. Luego de las elecciones de 1994, el Fidesz –bajo su liderazgo– abandonó la Internacional Liberal y comenzó a inclinarse a posiciones derechistas, nacionalistas y conservadoras. En las elecciones de 2010, Orbán logró un triunfo electoral aplastante y su coalición obtuvo dos tercios del Congreso. En las elecciones municipales de ese mismo año, el Fidesz logró la mayoría en casi todas las jurisdicciones locales, incluso en los tradicionales baluartes de izquierda y liberales.

Orbán descartó la idea de un Estado de Bienestar y afirmó que la economía debe estar basada en el trabajo. En 2014, el desempleo decreció y se verificó un importante crecimiento económico (3,5%), el mayor entre los integrantes de la ue, pero este crecimiento fue muy desigual: la riqueza del 20% de mayores ingresos creció significativamente, mientras que el porcentaje de gente que vivía por debajo del nivel de pobreza aumentó de 33% en 2010 a 40% en 20144.

En las elecciones parlamentarias de 2014, el Fidesz ganó nuevamente la mayoría y en el verano boreal de 2015 comenzó una vehemente campaña en contra de los inmigrantes y por la construcción de un cerco en sus fronteras. Orbán lo celebró afirmando que trabajará cada día para convertir a Hungría en un «lugar maravilloso»5. Al mismo tiempo, imprimió un carácter autoritario a su gobierno.En 2011 se aprobó una controvertida ley de prensa (calificada de «ley mordaza») y diversas instituciones acusaron a Orbán de tener un amplio control sobre los medios de comunicación masiva (incluso internet), de terminar con la libertad de prensa y de llevar el país en camino a la dictadura. Al mismo tiempo, la nueva Constitución6, promulgada en abril de 2011, abre con un verso patriótico de 1823 –«Dios, bendice a los húngaros»–, glorifica la tradición cristiana y establece que la familia es una «unión entre hombre y mujer». Se la ha criticado por limitar la separación de poderes, consolidar al Ejecutivo frente a los poderes Legislativo y Judicial, remover algunos pesos y contrapesos, restringir el poder de la Corte Constitucional, frenar la libertad de expresión y socavar la gobernabilidad democrática. Los críticos acusaron a Orbán de sentar las vías para perpetuarse en el poder, en lo que han denominado «Orbanistán», y ni siquiera la ultraderecha de Jobbik apoyó esta Carta Magna. Además, diversas instituciones del exterior –tanto europeas como estadounidenses, además de organismos de derechos humanos como Amnistía Internacional– mostraron preocupación por los cambios.

El referéndum antiinmigración

Hungría fue uno de los países afectados por la crisis migratoria europea de 2015. El 17 de junio de 2015, el gobierno húngaro anunció la construcción de un cerco de 175 kilómetros en su frontera con Serbia. En septiembre del mismo año, la ue aprobó un plan para reubicar a 120.000 refugiados en toda Europa; de ellos, Hungría solo recibiría 1.294 en los siguientes dos años. El 24 de febrero de 2016, el primer ministro Orbán anunció un referéndum para promover el rechazo a la propuesta de las cuotas obligatorias para reubicar migrantes. Argumentó que el sistema de cuotas «trazaría nuevos límites a la identidad étnica, cultural y religiosa de Hungría y Europa, algo que ningún órgano de la ue tiene derecho a realizar»7.

De acuerdo con encuestas anuales llevadas a cabo por Tárki, un instituto de investigación de ciencias sociales, el porcentaje de personas con una fuerte actitud antiinmigratoria en Hungría creció de 24% a 34% entre 2002 y 2011. Entre quienes aceptarían refugiados, de 62% a 79% no les daría asilo a poblaciones roma8, árabe, rumana, africana o china. Más de 60% de los encuestados tampoco aceptaría refugiados «piresios», un grupo étnico inventado a los fines de la encuesta9.

Desde la ue hubo varias reacciones y diversos voceros expresaron sus opiniones: el referéndum «es un asunto interno de Hungría», «todo país tiene derecho a realizar consultas», es una «decisión ideológica», un «plan absurdo», una «idea despreciable». Un asesor del Ministerio de Economía de Finlandia reaccionó irónicamente: «¿No habría que realizar un referéndum en Finlandia? ¿Está de acuerdo en que Finlandia y otros países le paguen a Hungría 22.000 millones de euros en fondos estructurales y 3.000 millones por desarrollo rural?». Más terminante fue el ministro de Finanzas de España, quien consideró que el uso indiscriminado de referendos puede llevar a la muerte de la ue10.

Por otro lado, pese a que la Corte Suprema de Hungría aprobó la decisión de realizar el referéndum, este era ilegal, ya que el artículo 8 (inciso 3) de la Constitución afirma que «No se pueden realizar referendos nacionales sobre (…) cualquier obligación que surja de tratados internacionales». En este caso es clara la primacía de una ley de la ue sobre la ley húngara, por lo cual resulta claro que un referéndum nacional no puede invalidar una decisión de la ue.

  • 4.

    «Poverty in Hungary Skyrockets – Government to Stop Publishing Statistics» en Hungarian Free Press, 25/6/2015; «The Frightening Reality of Poverty in Hungary» en Daily News Hungary, 8/1/2016.

  • 5.

    «Orbán kimondta, hogy milyen demokráciát akar» [Orbán declaró qué tipo de democracia quiere] en Portfolio, 15/8/2014.

  • 6.

    El texto completo en húngaro puede consultarse en www.parlament.hu/irom39/02627/02627-0187.pdf.

  • 7.

    «Orbán: Népszavazás lesz a betelepítési kvótárol» [Orbán: el referéndum será la cuota de reasentamiento] en Magyar Nemzet, 24/2/2016.

  • 8.

    Utilizamos el término «roma» en lugar de «gitano», ya que esta última palabra es calificada como despectiva debido a sus asociaciones negativas y estereotipadas. El Consejo de Europa considera que el uso de «gitano» y sus equivalentes (gipsy en inglés, gitan en francés, cigány en húngaro, etc.) no es recomendable y que el término correcto es «roma»; recomienda también que «romaní» se restrinja al lenguaje y la cultura: lengua romaní, cultura romaní.

  • 9.

    Ver Eunsun Cho: «Hungary’s Blame Game About Xenophobia» en World Policy Blog, 20/8/2015. Es cierto también que muchos húngaros no adhieren a estas posturas y las encuentran repugnantes; por otra parte, hay que considerar el clivaje entre la elite progresista de las ciudades, principalmente Budapest, y el interior profundo de Hungría.

  • 10.

    «Európai Bizottság: nem értjük, hogyan illik bele a népszavazás as ue-s döntéshozatalba» [Comisión Europea: no entendemos cómo se integra el referéndum en la toma de decisiones de la ue] en Index.hu, 25/2/2016.