Tema central

¿Condenados a la posdemocracia?

En otra parte del mundo, las guerras y las revoluciones condujeron al establecimiento de regímenes que se reivindicaban comunistas. Estos también instauraron formas de Estado de Bienestar y de comunicación entre las clases populares y las elites políticas en el marco de una estructura totalitaria o autoritaria. Estos regímenes constituyeron una alternativa a la democracia liberal y su existencia fue, sin duda, uno de los motivos que llevaron a las clases dominantes de los países occidentales, temerosas del «contagio» y de las luchas de los sectores populares, a aceptar los Estados de Bienestar. La Revolución Mexicana también dio lugar a un modelo que difería profundamente de las democracias liberales. En América Latina, los populismos fueron las puntas de lanza de la instauración de Estados de Bienestar que, en ciertos planos, podrían compararse con los europeos o norteamericanos. El peronismo representó especialmente uno de los ejemplos más exitosos de los partidos de masas. En muchos países del Sur global, las crisis políticas y las dictaduras (a menudo fomentadas por eeuu) no permitieron atacar de raíz la pobreza y la desigualdad, mientras que el modelo de integración al Estado del movimiento obrero y sindical limitó el desarrollo de alternativas políticas.

Los «treinta gloriosos»7 y la década después del final del corto siglo xx constituyeron el apogeo de la democracia liberal. La caída del Muro de Berlín y de los sistemas comunistas en Europa del Este, así como la de los regímenes del Sur global inspirados en ellos, reforzó una tendencia presente desde la segunda mitad de la década de 1970. Las dictaduras que el «mundo libre» había sostenido o puesto en práctica en el sur de Europa, en América Latina y en menor medida en África y en Asia se derrumbaron. La victoria de la democracia liberal fue a la par de la democratización de estructuras autoritarias como la escuela o la familia, con la revolución feminista, con la multiplicación de los medios audiovisuales, antes en manos del Estado, con el boom de las computadoras portátiles y los comienzos de internet. Este periodo también vio cómo se afirmaba el reinado del neoliberalismo y del capitalismo financiero. Experimentado en Chile y Argentina con las dictaduras, este nuevo modo de acumulación de capital se expandió al Reino Unido y eeuu bajo Margaret Thatcher y Ronald Reagan, y luego al resto del mundo, incluyendo China. El cuestionamiento del Estado de Bienestar parecía ser el precio a pagar por una expansión económica y política que esta vez prometía tener alcance mundial. Los conservadores estadounidenses se apropiaron del tema de los derechos humanos. Parecía que la democracia de los Modernos no era sino la democracia liberal y que esta, al triunfar definitivamente sobre sus oponentes, se encontraba en el proceso de instaurar el reino de la libertad en el planeta.

La democracia en el siglo xxi

Esta época ya parece estar lejos. La representación política basada en los partidos se encuentra en crisis en los países donde existe el multipartidismo, pero también, de otra manera, en una China gobernada por un partido único8. A menudo se dice que la democracia es un sistema en crisis perpetua, ya que implica una crítica permanente de sus propios fundamentos. Sin embargo, habría que estar ciego para no ver que la puesta en cuestión de la democracia se exacerba en ciertos momentos históricos: la Tercera República francesa en tiempos de la Belle Époque no es la República de Weimar en Alemania, y el Uruguay de la década de 2010 es difícilmente comparable al Chile de comienzos de 1970. Ahora bien, muchos indicios señalan que hemos entrado en una era de ruptura.Por un lado, las transformaciones proceden de factores internos del sistema político. Además de las variantes autoritarias del estilo del Partido Socialista Unido de Venezuela (psuv), del Partido de la Justicia y el Desarrollo (akp, por sus siglas en turco) o del Partido Comunista chino (pcch), y dejando a un lado la excepción peronista, los partidos de masas que habían estructurado las sociedades occidentales durante un siglo y que se extendieron bajo diferentes formas en regiones tan diversas como América del Sur, China, la India y el sudeste de Asia apenas existen. Es en ellos donde se fundaba la comunicación entre los ciudadanos y los representantes, pero además estos partidos enmarcaban la sociedad a través de sus células y sus organizaciones satélites y permitían la integración de las masas al sistema político. En casi todas partes, perdieron esta triple vocación. El Partido de los Trabajadores (pt) brasileño ha recorrido en menos de cuatro décadas un ciclo que duró más de un siglo en Europa: de una organización combativa constituida por los movimientos de protesta se convirtió en un partido de gobierno comprometido con una transformación reformista pero real de la sociedad y luego en un partido atrapado en las peores tramas de un Estado corrompido y con una dirección muy distanciada de sus bases. Los partidos siguen siendo los principales espacios de reclutamiento de un personal político profesionalizado, pero han perdido a gran parte de sus militantes, el vínculo con los sectores populares (incluso en China, donde el pcch hoy representa a las elites más que a las masas), lo esencial de su credibilidad y la capacidad de canalizar con efectividad y legitimidad los conflictos sociales dentro del sistema político institucional. La profesionalización de la política, que se había afirmado con los partidos de masas a partir de la segunda mitad del siglo xix, es hoy vista por los ciudadanos como un factor negativo (los políticos se ocupan en primer lugar de su carrera, no de la gente común) más que positivo (estos profesionales serían expertos más juiciosos que los ciudadanos). La tendencia es más pronunciada en Europa y en América del Norte, pero también crece en América Latina.

En el Norte global, en el marco de transformaciones sociales de una magnitud sin precedentes (pensemos en internet y en las redes sociales, que revolucionan la socialización y la economía y que son símbolos del nuevo mundo en gestación), el sistema político se ha estancado. El Estado de Bienestar está en todas partes en retirada. Este se apoyaba en un fuerte movimiento obrero, hoy ampliamente desorganizado, pero también en el hecho de que el dominio de lo que incorrectamente se llamó Occidente sobre el resto del mundo permitía políticas distributivas significativas. La globalización, realizada bajo la hegemonía del capital financiero, socava los Estados de Bienestar occidentales y favoreció a las capas más ricas de las sociedades. El crecimiento económico de los países emergentes les ha permitido salir de la pobreza a millones de personas, pero compite con las economías desarrolladas menos especializadas en los productos de alto valor agregado.

  • 7.

    Periodo de posguerra comprendido entre 1945 y 1975 [n. del t.].

  • 8.

    Wang Hui: «The Crisis of Representativeness and Post-Party Politics» en Modern China vol. 40 No 2, 2014.