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Colombia: sorpresas y sobresaltos de la paz

En la próxima campaña presidencial de 2018 se librarán duras batallas. Sin posibilidades de otra reelección, Santos quedará fuera de juego y como Nobel de la Paz pasará a ser conferencista internacional. Si el hábil negociador del acuerdo de paz y miembro del Partido Liberal Humberto de la Calle repone pronto sus fuerzas y asume la candidatura, tendría buenas posibilidades de pasar a la segunda vuelta. El vicepresidente Germán Vargas Lleras probablemente pague un costo por su indefinición frente a las negociaciones, aunque ahora trata de recuperar terreno haciendo oposición desde el mismo gobierno. Los conservadores no tienen todavía candidato. A la izquierda, por su parte, el forcejeo entre el senador Jorge Enrique Robledo, la ministra de Trabajo Clara López y el ex-alcalde Gustavo Petro la debilitará aún más. Un outsider con posibilidades es el ex-alcalde de Medellín y ex-gobernador de Antioquia Sergio Fajardo, quien es visto por muchos con simpatía por su independencia, por su rechazo a toda forma de corrupción y por mantenerse a distancia de las agrias disputas políticas. Pero, sin partido, no la tiene fácil. Una fórmula en la que De la Calle lo incluyera como candidato a vicepresidente podría tener éxito. De cualquier manera, mientras el uribismo irá unido a las elecciones, los no uribistas o antiuribistas dividirán sus votos entre cinco o más candidatos, a no ser que estos establezcan oportunas alianzas. En tales circunstancias, no es imposible el triunfo de un candidato uribista. El segundo gobierno de Uribe (2006-2010) quizás nos permite prefigurar lo que podría ser el mandato de un uribista fiel a su jefe: un gobernante cercano al pueblo pero autoritario, los poderes Legislativo y Judicial sometidos al gobierno o descalificados por él, la oposición satanizada y la libertad de prensa notablemente recortada. El nuevo gobierno le concedería amnistía a toda la base guerrillera como está previsto en el acuerdo y lo ha propuesto Uribe, pero sometiendo a los jefes a la cárcel, aislándolos y quizás obligándolos a refugiarse en Venezuela o en Cuba, mientras algunos mandos medios y sectores de base volverían a la lucha y a los negocios ilegales. El cd en el poder convocaría a una nueva Asamblea Constituyente no solo para anular los acuerdos ya firmados sino para «refundar la nación» y brindarle a Uribe la posibilidad de su nueva reelección, dejando de lado la Constitución de 1991. Chavismo a la inversa.

La acción ciudadana sostenida fue fundamental en el logro de un renovado y pronto acuerdo. Los estudiantes y muchos colectivos que pugnan por la paz desplegaron una intensa actividad con marchas persistentes que se fueron extendiendo a distintos sectores sociales y regiones, en especial a las periferias donde se concentró el conflicto y a lugares muy victimizados que votaron en favor del «Sí». La paz con las guerrillas es el indispensable primer paso para una paz estable y duradera. Además, es el imperativo de los colombianos, que no queremos más guerra.