Coyuntura

Cambio de mando en Jamaica

Las elecciones generales realizadas en Jamaica el 3 de septiembre de 2007 terminaron con una ajustada derrota del Partido Nacional del Pueblo, en el poder desde hace 18 años. Su líder, Portia Simpson-Miller, no logró unificar detrás de su liderazgo a los diferentes sectores partidarios, cometió una serie de errores durante la campaña y fue blanco de los prejuicios debido a su origen popular, su color de piel y su condición de mujer. Pero esto no significa un cheque en blanco para Bruce Golding, quien pese a contar con enormes recursos financieros y una campaña cuidadosamente planeada, obtuvo una victoria estrecha que lo obligará a buscar consensos con la oposición.

Cambio de mando en Jamaica

«No vamos a cambiar el rumbo.» El opositor Partido Laborista de Jamaica (JLP, por sus siglas en inglés) tomó esta frase de un discurso de la entonces primera ministra, Portia Simpson-Miller, y la repitió en avisos de televisión y radio y en la prensa gráfica, prácticamente a diario y, en el momento culminante de la campaña electoral, varias veces por día. Simpson-Miller había utilizado esta frase para destacar los diversos logros del gobierno del Partido Nacional del Pueblo (PNP) que, de acuerdo con su posición, tenía que seguir haciendo más de lo mismo, con solo algunas mejoras allí donde fuera necesario. El JLP, en la oposición desde hace 18 años, utilizó la voz y la imagen de Simpson-Miller en publicidades impactantes que buscaban demostrar por qué el país debía cambiar de rumbo: crecimiento económico escaso o nulo, altas tasas de criminalidad, elevado desempleo, corrupción, falta de expectativas para la juventud. Estos avisos parecen haber tenido un doble efecto: por un lado, activaron al núcleo de simpatizantes del PNP (la frase se transformó para ellos en un llamado a la unión); por el otro, les dio a los miembros del JLP y a los independientes que dudaban acerca de la necesidad de cambiar de rumbo una excusa para la reflexión y, en algunos casos, para la acción.

Los resultados finales de las elecciones del 3 de septiembre de 2003 sugieren que, aunque prevaleció el sentimiento generalizado de que era necesario un cambio luego de 18 años de monopolio del PNP, ese partido no sufrió un rechazo total, ni el JLP logró un apoyo abrumador. Para muchos, no fue el JLP quien ganó las elecciones, sino el PNP quien las perdió. La campaña electoral fue difícil, extremadamente competitiva y llena de tensión; ambos partidos llegaron al día de los comicios casi con el mismo nivel de apoyo popular, pero las encuestas más confiables anticipaban que el JLP obtendría más bancas en el Parlamento. El resultado final fue: 33 bancas para el JLP y 27 para el PNP. En cuanto a los votos, terminaron prácticamente empatados, con solo 2.940 sufragios de diferencia a favor del JLP sobre un total de 1,3 millones de votantes. La participación fue relativamente baja: 60,4%. Esto significa que, si se cuenta el padrón total, ningún partido obtuvo siquiera un tercio del electorado. Con respecto a la composición por género de las candidaturas, se presentaron 21 mujeres (14,4%): diez por el PNP, siete por el JLP y cuatro por otros partidos pequeños o independientes. Ocho mujeres fueron elegidas: cinco por el PNP y tres por el JLP.

La transparencia electoral

La transparencia de los procesos electorales ha mejorado mucho en un país acostumbrado a las irregularidades, las denuncias de fraude y la violencia política asociada a las elecciones. Los observadores internacionales, entre ellos equipos de la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Comunidad del Caribe (Caricom), han informado que las elecciones fueron justas y limpias. Solo hubo algunos problemas técnicos de organización en ciertos distritos. Apoyada por la Comisión Electoral de Jamaica, un organismo independiente que responde al Parlamento, la Oficina Electoral ha limpiado el sistema y reducido las posibilidades de fraude e intimidación, pese a lo cual se registraron algunos episodios de violencia en las calles.

Dos factores contribuyeron sustancialmente a esta gran mejora. En primer lugar, en 670 centros electorales de 19 de los 60 distritos se utilizó un sistema electrónico de identificación de votantes a través de la huella digital. Esto contribuyó a evitar la suplantación de identidades, el voto múltiple y el uso de boletas falsas. En segundo lugar, comenzó a regir una ley, aprobada por el Parlamento saliente en uno de sus últimos actos, por la cual se penaliza al votante que muestra públicamente a qué candidato eligió. El objetivo de esta ley es permitir a los electores votar según su deseo, libres de temor, especialmente en aquellos lugares donde es posible obtener dinero a cambio del voto.

Fueron las elecciones más caras en la historia del país. La Oficina Electoral gastó 180 millones de dólares jamaiquinos (unos 2,6 millones de dólares estadounidenses) en la organización y la capacitación para las elecciones, y los dos grandes partidos políticos gastaron la misma cantidad en sus campañas publicitarias.

Una campaña dolorosa pero insustancial

De acuerdo con la Constitución, las elecciones nacionales debían realizarse antes de octubre de 2007. Con mucho retraso, los comicios se programaron para el 27 de agosto. El anuncio marcó el inicio de la campaña electoral oficial, pero el JLP ya había iniciado su propia campaña desde fines de 2006, cuando comenzó a presionar al gobierno para que llamara a elecciones. Es de destacar que Portia Simpson-Miller había sido elegida presidenta del PNP y primera ministra unos meses antes, en febrero de 2006, en una elección interna que derivó en una profunda división del partido, no solo entre sus líderes sino también entre sus afiliados. En este contexto, el primer desafío de Simpson-Miller fue conducir una gestión apoyada en un partido (y un gobierno) que no controlaba completamente, dominado por ministros y funcionarios que no le respondían. En su breve gestión, de apenas 18 meses, la oposición abierta que enfrentó Simpson-Miller afectó su liderazgo y su capacidad de gobernar. Sus principales objetivos, anunciados en su ceremonia de asunción como primera ministra, eran el combate a la pobreza, el fortalecimiento de las comunidades, la mejora de la transparencia administrativa y la disminución del crimen. Estas metas no fueron aprobadas públicamente o en comentarios a la prensa por prácticamente ningún dirigente de su partido o de su gobierno. Así, la demostración de unidad llevada a cabo en la conferencia anual del PNP, en septiembre de 2006, resultó poco convincente, a pesar de las fotografías en que algunos líderes abrazaban a la primera ministra.

En lugar de las discusiones bien fundadas sobre los principios rectores o los desafíos específicos que enfrenta el país, la campaña electoral estuvo dominada por las personalidades de los dos candidatos: su estilo de liderazgo, sus diversas fortalezas y debilidades, sus competencias técnicas, el nivel de confianza del que gozaban (o no), su carisma o su falta de carisma. La campaña resultó cualitativamente diferente de cualquiera de las anteriores, por el ambiente y el momento de la historia política de Jamaica.