Coyuntura

BRIC: 15 años del acrónimo del siglo XXI

En el caso de Brasil, la pertenencia al bric imaginario –el ideado por O’Neill hace 15 años–, aunada a la combinación de un ciclo económico alcista, un nuevo gobierno desde 2003 con rasgos progresistas en lo distributivo, activo en el fomento económico y protagónico en la esfera diplomática, perfiló una conducta de política exterior innovadora. Con una actitud reformista respecto del orden internacional, su participación en el brics real –el club de los gobiernos de esos países, cuyas cumbres acogió en 2010 y 2014, en Brasilia y Fortaleza respectivamente– robusteció la impresión de la transición de poder global y el relato de potencia emergente.21

Por su parte, México ha sido identificado con un rol de potencia intermedia de statu quo debido a sus posiciones políticas y económicas más cercanas a las de las potencias establecidas y su orden. Se lo incluyó en 2007 en ejercicios analíticos como el del bricsam (un hipotético bric ampliado a Sudáfrica y el propio México); y en 2011, en un fondo de Goldman Sachs se lo colocaba con Indonesia, Corea del Sur y Turquía en el mist, que en 2013 –como sucedió antes con bric– pasó de ser un concepto de mercado a ser un foro de concertación de gobiernos con la incorporación de Australia (mikta). En este club participan potencias de dimensiones más moderadas que las de brics, sin aspiraciones de representación continental y con agendas para reforzar instituciones del orden internacional en vez de buscar circundarlas22. En 2012, México fue el primer país latinoamericano en presidir el g-20 tras la crisis de 2008, y en esa calidad invitó a los gobiernos de Chile y Colombia a participar del proceso durante ese año –países incluidos en los gráficos que acompañan este texto–.

En los dos años recientes, tanto el escenario económico mundial como los escenarios nacionales respectivos han empeorado. Ello ha catalizado procesos políticos en Argentina, Brasil y México. En el caso argentino, la llegada de Mauricio Macri a la Presidencia en diciembre de 2015 ha marcado un punto de inflexión de la política exterior, que anuncia una reorientación de intereses y conducta más afines en lo económico a los de México –y, por tanto, a los de las potencias establecidas–. Su rol como actor internacional ha retomado protagonismo. El papel de potencia y mercado emergente acaba de ser reforzado socialmente por el g-20: en su cumbre de líderes del 4 y 5 de septiembre en Hangzhou, se anunció que Argentina presidirá el grupo en 2018. En el caso de Brasil, con el gobierno de Michel Temer –que reemplazó a Dilma Rousseff tras un cuestionado impeachment considerado por el gobierno saliente como un golpe de Estado–, la política exterior brasileña se orientó hacia una agenda más conforme con el statu quo. Sí protagónica, pero menos reformista. E igualmente, parece haber aprovechado la plataforma de la cumbre del g-20 en China para reafirmar su posición frente al club y a los mercados.23

Pero en el subcontinente latinoamericano hay una probable cuarta potencia emergente, o al menos de escala regional: Colombia. En 2009 fue catalogada por The Economist Intelligence Unit como uno de los integrantes de civets. En meses recientes, el avance de la negociación del proceso de paz, aunado a su dimensión económica y poblacional, ha llamado la atención de mercados y analistas políticos. El hecho de que además tenga una política exterior activa en foros políticos y económicos internacionales –o aspire a ello y a ingresar a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (ocde)– la ubica como un posible próximo foco de interés económico y político en el mejor sentido de la expresión. Pero eso todavía está por verse.

En este 15o aniversario de los bric –hoy brics– y del auge de las potencias emergentes, bien vale recordar que desde las páginas de Nueva Sociedad se ha mostrado una perspectiva latinoamericana de la evolución del fenómeno emergente y partes de esta narrativa: elementos de la discusión sobre potencias emergentes24, los efectos que las transformaciones globales y relaciones de poder tienen para América Latina25, la gobernanza global y la arquitectura internacional26.

Reflexión final

A finales de agosto pasado, Dirk Messner, del Instituto Alemán para el Desarrollo (die, por sus siglas en alemán) reaccionaba en Twitter ante un nuevo ranking mundial de soft power del Foro Económico Mundial. «¿Dónde están las potencias emergentes?» se preguntó, pues en las primeras 15 posiciones no figuraba ninguna de ellas. Apenas cinco años atrás, las potencias emergentes parecían ofrecer una alternativa al canon económico occidental por haber campeado de manera más exitosa la crisis; llamaban poderosamente la atención de diplomáticos, políticos y líderes de opinión. Pero eso empezó a cambiar a partir de 2012-2013, con la ralentización de sus economías. En economía se suele hablar del ciclo «the boom and the burst», el auge y la crisis de un mercado o un sistema. Cuando en 2014 un autor acuñó la expresión «the hype of the rest» (El furor [o bombo] del resto)27, las señales de agotamiento del extraordinario ascenso económico de la mayoría de los brics –con excepción de la India– eran inequívocas.

Según datos del Banco Mundial28, el promedio de crecimiento anual de las economías brics se redujo a la mitad en 2015, comparado con 2010. En los primeros años esta reducción se debió principalmente a elementos externos a estos países, es decir, a los mercados internacionales. Pero a partir de 2014 los factores de la ralentización fueron cada vez más identificados como internos: volatilidad de la moneda y de los mercados financieros locales, dificultades en las finanzas públicas con déficit y deudas en aumento; menor margen de maniobra en la política monetaria debido en parte a la inflación que excedía los objetivos previstos; una reducción de la estimación de la productividad total de los factores; en suma, la caída de perspectivas positivas. En mayor o menor proporción, los brics sufrieron uno o varios de estos problemas. Dos casos particulares llaman la atención. Por un lado, Rusia se ha visto además afectada por el conflicto político mundial derivado de la anexión de Crimea en la primavera boreal de 2014 y las subsecuentes sanciones de varios países occidentales. Por otro lado, y en notable contraste, la India ha podido paliar los efectos económicos negativos a partir de los incentivos que han supuesto las reformas a la economía india impulsadas por el primer ministro Narenda Modi, elegido a mediados de 2014; se trata del único país de los brics cuyo potencial de crecimiento es todavía sólido.

En septiembre de 2015, a 14 años de la invención del acrónimo, el propio Goldman Sachs cerró su fondo de inversión brics tras la gradual pérdida de valor en el mercado, en vista de los problemas económicos que enfrentaban los países del conjunto29; aunque –como en ocasiones previas– no tardó en crearse otro acrónimo de mercados emergentes: tick (Taiwán, la India, China y Corea del Sur). Esta vez se explicó: «el realineamiento [de brics a tick] nos dice mucho acerca de la naturaleza cambiante de los mercados emergentes –y del mundo en general– con los servicios, particularmente tecnología, a un primer plano y el comercio de bienes físicos, especialmente commodities, en retirada»30.

Entonces ¿es este el fin del «espejismo» del concepto bric, tal como lo llamó un autor? Y, por los cambios en la región América Latina, ¿será este el fin de la actitud reformista de las potencias emergentes latinoamericanas? O, más de fondo, ¿es el fin de las potencias emergentes? Por los avances institucionales de los brics a través de los mecanismos económicos mencionados, o las coaliciones de potencias emergentes encarnadas en clubes como ibsa y mikta, o el club de las emergentes y establecidas –el g-20–, podría preverse que, aunque se diluya el furor por las potencias emergentes y su fuerza como relato de política y economía internacionales, habrá una herencia más duradera. Las innovaciones en materia de gobernanza global y la contribución de las potencias emergentes a la formación y difusión de normas en el orden actual pueden haber echado raíces. Además, la dispersión del poder global hacia otras geografías parece confirmarse, lo que no implica necesariamente el fin de la preponderancia estadounidense o del orden internacional.

Hace 15 años, Jim O’Neill de Goldman Sachs identificó un grupo de economías de gran tamaño con rápido crecimiento y las bautizó llamativamente. Hoy el barón James O’Neill de Gatley es secretario comercial del Tesoro del Reino Unido. Los brics, entre otras potencias emergentes, sus clubes e instituciones son una realidad. La política internacional –una vez más– ha cambiado con el estímulo de la imaginación de una persona y su idea fuerza.

  • 21.

    Cfr. Sean W. Burges: «Brazil as a Bridge between Old and New Powers?» en InternationalAffairs vol. 89 No 3, 2013; Monica Hirst: «Emerging Brazil: The Challenges of Liberal Peace and Global Governance» en Global Society vol. 29 No 3, 2015.

  • 22.

    G. Maihold: «brics, mist, mikta: México entre poderes emergentes, potencias medias y responsabilidad global» en Revista Mexicana de Política Exterior No 100, 2014; Hernán F. Gómez Bruera: «To Be or Not To Be: Has Mexico Got What it Takes to Be an Emerging Power?» en South African Journal of International Affairs vol. 22 No 2, 2015.

  • 23.

    Heloísa Mendonça: «Michel Temer se estrena en la esfera internacional ante el g-20» en El País, 1/9/2016.

  • 24.

    Paulo Roberto de Almeida: «O Brasil e o bric: o questionamento de um conceito» en Nueva Sociedad especial en portugués, 10/2008; Wolf Grabendorff: «Brasil: de coloso regional a potencia global» en Nueva Sociedad No 226, 3-4/2010; Jorge Eduardo Navarrete: «La crisis global: brechas que se reducen. El desafío de los países emergentes » en Nueva Sociedad No 237, 1-2/2012; Pierre Salama: «¿Es posible otro desarrollo en los países emergentes?» en Nueva Sociedad No 250, 3-4/2014, todos disponibles en href="http://www.nuso.org">www.nuso.org style="background-color: initial; font-family: inherit; font-style: inherit; font-variant-ligatures: inherit; font-variant-caps: inherit; font-weight: inherit;" rel="background-color: initial; font-family: inherit; font-style: inherit; font-variant-ligatures: inherit; font-variant-caps: inherit; font-weight: inherit;">.

  • 25.

    José Antonio Ocampo: «La crisis económica global: impactos e implicaciones para América Latina» en Nueva Sociedad No 224, 11- 12/2009; Francisco Rojas Aravena: «Transformaciones globales y cambios en las relaciones de poder. Impactos en América Latina y el Caribe » en Nueva Sociedad No 246, 7-8/2013, todos disponibles en href="http://www.nuso.org">www.nuso.org style="background-color: initial; font-family: inherit; font-style: inherit; font-variant-ligatures: inherit; font-variant-caps: inherit; font-weight: inherit;">.


  • 26.

    Mercedes Isabel Botto: «El g-20 y la gobernanza global: ¿un cambio en la arquitectura o en los procedimientos? Una mirada desde América Latina» en Nueva Sociedad No 229, 9-10/2010, disponible en href="http://www.nuso.org">www.nuso.org style="background-color: initial; font-family: inherit; font-style: inherit; font-variant-ligatures: inherit; font-variant-caps: inherit; font-weight: inherit;">.


  • 27.

    Amitav Acharya: The End of American World Order, Polity, Cambridge, 2014.

  • 28.

    Banco Mundial: «Sources of the Growth Slowdown in brics» en Global Weekly, 8/1/2016.

  • 29.

    Ben MacLannahan: «Goldman Fund Walks Away from the brics Era» en Financial Times, 9/11/2014.

  • 30.

    Steve Johnson: «The brics are Dead: Long Live the ticks» en Financial Times, 28/2/2016.