Coyuntura

BRIC: 15 años del acrónimo del siglo XXI

Ese mismo año, los bric dieron un salto importante hacia su formalización como foro de las principales potencias emergentes con la primera cumbre de líderes del grupo en Ekaterimburgo12. Fue en la cumbre anual de 2011 cuando los líderes de los bric sumaron a Sudáfrica al grupo y así se añadió la s que da vida al acrónimo brics. Como saldo de la crisis, después de años con muestras de heterogeneidad entre los brics, parecía que lo único que tenían en común era campear la crisis de manera más exitosa que las potencias establecidas. Gradualmente, se han distinguido otras tres importantes características: la primera, una decidida participación de los respectivos gobiernos en sus economías, con empresas de propiedad estatal y políticas públicas muy activas –hay quienes llaman a este modelo «capitalismo de Estado»–. En segundo lugar, el llamado rasgo «neowestfaliano» de esos gobiernos: la centralidad de la soberanía como valor y la no intervención como principio, a fin de evitar la probable intromisión de las potencias establecidas o de «Occidente» en los asuntos internos (derechos humanos, democracia, política económica, etc.)13. Y, finalmente, se trata de un grupo estadocéntrico, intergubernamental, y no de las sociedades o los pueblos de esos países. Partiendo de esos rasgos, también es posible encontrar un nuevo impulso de colaboración entre potencias emergentes y países en desarrollo: una ola de cooperación Sur-Sur para el desarrollo, aparentemente menos condicionada que la existente desde el Norte hacia el Sur. Los fenómenos antes mencionados vigorizaron todavía más el relato del cambio de poder mundial, lo que provocó análisis muy populares en su momento, con expresiones igualmente atractivas como «rise of the rest» (el ascenso del resto)14 y «the West and the rest» (Occidente y el resto)15.

Pero como el tiempo ha demostrado, los brics y el resto de los emergentes no parecen ser una amenaza revulsiva para el statu quo. Estos países no se han coordinado para combatir el orden internacional ni han boicoteado ampliamente sus normas e instituciones16. Si bien puede argumentarse que la actuación rusa en Crimea en 2014 iba en ese sentido, lo cierto es que no se puede atribuir ese hecho a una operación conjunta de potencias emergentes. En cambio, para lo que sí ha habido formación de coaliciones de las potencias emergentes –esencialmente los brics– fue para sortear (bypass) algunos bastiones de primacía occidental en materia económica. En materia de crédito, mediante el Nuevo Banco de Desarrollo (llamado coloquialmente «Banco brics»); en materia de liquidez en casos adversos, el Acuerdo Contingente de Reserva. Ambas instituciones facilitarían que los países eviten acudir a dos de los organismos más impugnados del orden vigente, dada la preponderancia occidental en su liderazgo y reglas: el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (fmi). Esto podría efectivamente configurar un orden paralelo, aunque muy incipiente y algo frágil por no contar con mayor participación del resto de las potencias emergentes. Mediante el uso de estos foros y sus derivados, las potencias emergentes están aprovechando los clubes de gobernanza global que fueron exitosamente utilizados anteriormente por las potencias establecidas, como el g-7.17

Brasil y otras potencias emergentes latinoamericanas

No existe un catálogo estándar de potencias emergentes. Como construcción social en el campo de las relaciones internacionales, la categoría está sujeta a la interpretación específica en condiciones y tiempos par-ticulares, por actores determinados. Así que la definición de cuáles son las potencias emergentes latinoamericanas ha sido un debate abierto. Por ejemplo, en el enunciado original de O’Neill cuando acuñó el término bric en 2001, Brasil fue la opción obvia por sus dimensiones. Pero el autor indicó que «a último momento, hemos considerado que, dado que la tendencia de crecimiento potencial de México es superior a la de Brasil, podría ser que en diez años el pib mexicano fuera de un tamaño similar al brasileño. No hay dudas de que esto resultaría en una discusión sobre su relevante rol»18. La evaluación sobre América Latina no terminó ahí: apenas unas semanas antes de la debacle financiera de fines de 2001, O’Neill advertía que Argentina estaba expuesta a riesgos derivados de la política monetaria que su gobierno había adoptado diez años atrás, con un tipo de cambio fijo respecto del dólar.

Otra muestra de la flexible designación de potencias emergentes latinoamericanas se vio cuando en 1999 se creó el g-20 de titulares de bancos centrales y ministros de Finanzas y los organizadores no tenían cartabones para elegir qué países formarían parte o no de ese grupo. La fraseología genérica sobre las «economías de importancia sistémica» sirvió para ocultar una construcción caprichosa. La selección de la membresía

tuvo un aire improvisado si no arbitrario. (...) La lógica para la selección de miembros fue muy claramente una mezcla de instrumentalismo y preferencia personal. (...) [El] g-20 tenía que estar hecho de (...) las potencias regionales (...) y también [incluir] inquietudes geopolíticas (...) [Es interesante] la elección de Argentina en detrimento de Chile, a pesar del prestigio dado a este último por su impresionante regreso a la democracia y su desempeño económico.19

De esta manera, si pertenecer a un grupo de supuestas potencias emergentes convierte a un país en una de esas potencias –cuando menos a la vista de terceros–, en América Latina había tres potencias emergentes en 1999: Argentina, Brasil y México. No todas las potencias emergentes son iguales ni piensan lo mismo. Las preferencias políticas y económicas de unas y otras están marcadas por sus identidades, a su vez determinadas tanto por su historia como por los respectivos gobiernos de turno; y todos estos elementos perfilan sus políticas exteriores. En los primeros años del siglo xxi, las condiciones marco habían cambiado para los tres países. Si bien todos ellos se pudieron beneficiar –en diferente grado y tiempo– de un ciclo alcista del precio de las materias primas en los mercados internacionales, cada uno tuvo trayectorias distintas. La crisis económica argentina de 2001-2002 y sus secuelas dejaron al país fuera de los mercados financieros, aunque no así del g-20. Su «modelo» –bajo los gobiernos kirchneristas– se caracterizó por la intervención del Estado en la economía, una política exterior centrada en alianzas regionales y poco protagonismo global.20

  • 12.

    «Habiendo comenzado como un concepto analítico, en junio de 2009 los bric organizaron su primera reunión presidencial, haciendo sentir reafirmados a los colegas constructivistas en teoría de Relaciones Internacionales». Detlef Nolte: «How to Compare Regional Powers: Analytical Concepts and Research Topics» en Review of International Studies vol. 36 No 4, 2010, p. 881.

  • 13.

    Leslie Elliot Armijo: «The brics Countries (Brazil, Russia, India, and China) as Analytical Category: Mirage or Insight?» en Asian Perspective vol. 31 No 4, 2007.

  • 14.

    Fareed Zakaria: «The Future of American Power: How America Can Survive the Rise of the Rest» en Foreign Affairs vol. 87 No 3, 2008.

  • 15.

    Niall Ferguson: Civilization: The West and the Rest, Penguin, Nueva York, 2011.

  • 16.

    Oliver Stuenkel: The brics and the Future of Global Order, Lexington Books, Lanham, 2015 y Post Western World, Polity, Cambridge, 2016.

  • 17.

    Günther Maihold y Z. Villamar: «El g-20 y los países emergentes» en Foro Internacional vol. lvi No 1, 2016.18. Jim O’Neill: ob. cit., p. 10.


  • 18.

    Jim O’Neill: ob. cit., p. 10.


  • 19.

    Andrew F. Cooper y Vincent Pouliot: «How Much is Global Governance Changing?: The g-20 as International Practice» en Cooperation and Conflict vol. 50 No 3, 2015, p. 344.

  • 20.

    Ver Juan Gabriel Tokatlian y Roberto Russell: «Implications of the Global and Regional Changes for Argentina’s Foreign Relations» en Journal of Iberian and Latin American Research vol. 19 No 2, 2013.