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«Big data» y política El poder de los algoritmos

si Trump dice «estoy por el derecho a tener armas», algunos reciben esa frase con la imagen de un criminal que entra a una casa, porque es gente más miedosa, y otros que son más patriotas la reciben con la imagen de un tipo que va a cazar con su hijo. Es la misma frase de Trump y ahí tienes dos versiones, pero aquí crearon 175.000. Claro, te lavan el cerebro. No tiene nada que ver con democracia. Es populismo puro, te dicen exactamente lo que quieres escuchar.

El poder de la comunicación personalizada y guiada por algoritmos en una sociedad donde buena parte de la vida pasa por las redes es enorme: Whatsapp, Facebook, buscadores como Google, correo electrónico, mapas, tuits, Instagram, Uber, compras electrónicas, celulares omnipresentes, etc. permiten monitorear permanentemente a la sociedad, y esa información es tremendamente valiosa para aquel que acceda a ella y pueda procesarla. Trump y su equipo encontraron la forma de usar ese poder y asestaron un golpe tan brutal como inesperado a la autoestima de los medios de comunicación masiva estadounidenses, que de forma mayoritaria se opusieron al candidato republicano. El rechazo fue tan fuerte que Trump los describió como «un partido de oposición»6. Las corporaciones 2.0 también rechazaron la candidatura del empresario pero sufrieron, además de la derrota, la culpa de ser ellos mismos una fuente inagotable de información clave para la campaña de ese candidato. Incluso parte del periodismo y algunos sectores intelectuales los acusaron de ser culpables de la derrota debido a que a través de las redes circularon profusas mentiras destinadas a movilizar a los votantes republicanos. Fue tal la envergadura de las noticias falsas que la campaña de Trump se enmarcó en la lógica de la «política de la posverdad»7, un término acuñado para describir una realidad marcada por lo que es verosímil para algunos aunque los hechos concretos lo contradigan.

Este tipo de campañas digitales es posible en países como eeuu donde las redes sociales son la segunda fuente de noticias: según el Pew Research Center, 38% de la población se informa en primer lugar a través de estas redes8, solo por detrás de la televisión. Esto permite una manipulación importante de la comunicación a la que accede el público gracias a algoritmos y mensajes pagos dirigidos específicamente a los usuarios: si la realidad es sobre todo percibida a través de las redes y los mensajes que vemos a través de ellas son filtrados por algoritmos, dos vecinos pueden vivir en realidades totalmente distintas. Es que los algoritmos simplemente cumplen su tarea de mantener interesado a quien mira la pantalla y lo hacen sobre la base de lo que le interesó antes. Así el proceso de fragmentación ya iniciado hace tiempo se profundiza cada vez más y la sociedad misma se transforma en una acumulación de compartimentos estancos, donde el diálogo por fuera de ellos se vuelve un fenómeno cada vez más inusual. En una realidad construida para cada persona con un horizonte de verosimilitud individualizado, las dificultades para un proyecto común son enormes.

Allá vamos

Como señalamos más arriba, el caso de la sociedad hipertecnologizada de eeuu puede no ser representativo de lo que ocurre en América Latina, pero todo indica que hacia allá vamos. Para volver al caso de Argentina, existen cada vez más evidencias de que los rumores acerca de un equipo de comunicación digital vinculado al gobierno nacional y especializado en «construir realidad» en las redes, sobre todo Twitter, realmente existe: repentinos trending topics, perfiles de Twitter con pocos seguidores que insisten en horario laboral sobre un tema y con un hashtag particular, mientras retuitean y son retuiteados por otros perfiles de características similares. Uno de los estudios más exhaustivos y detallados en ese sentido fue publicado por el sitio El Gato y la Caja9. Allí se describe una investigación basada en 156.000 interacciones entre 29.000 usuarios de Twitter entre el 10 y el 21 de diciembre de 2016 que incluyeran referencias al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), institución científica con la que el gobierno argentino mantenía una disputa por la reducción de su presupuesto. Los tuits considerados contrarios partían en cantidad y de un número relativamente bajo de cuentas que funcionaban principalmente en días de semana y en horarios laborables. Los tuits con referencias positivas hacia los científicos, por su parte, provenían de una red más descentralizada y dispersa, también en el plano temporal. La conclusión más probable es que el ataque hacia los científicos argentinos fue orquestado intencionalmente para «crear realidad», es decir, poner en circulación suficientes mensajes como para generar la idea de que una porción significativa de la población criticaba la resistencia de los científicos a los recortes.

Por supuesto, el peso de este tipo de campañas es relativo y afecta a aquellos que se informan principalmente mediante las redes, pero es uno de los primeros síntomas del peso creciente de las redes sociales en la construcción del imaginario social y la búsqueda de controlar también estos espacios. En este caso, las redes sociales no se utilizaron solo para medir el pulso de la sociedad, sino también para operar sobre ella y favorecer ciertas lecturas. Es difícil saber hasta qué punto lo logran, pero seguramente sus acciones no son inocuas.

¿Qué pasará con la política si los datos comprueban que a la población no le interesa la política? pro en Argentina ha sido muy hábil para explotar intereses específicos y fomentarlos. Durán Barba comenta con frecuencia los resultados de los focus groups, reuniones con ciudadanos representativos de ciertos sectores de la población con los que le toma el pulso a la sociedad y detecta sus intereses. Ese tipo de información permitiría explicar que mientras se recortan programas en ciencia, educación, salud o contención social, se hacen campañas para renovar las plazas permanentemente o se utilizan recursos comunicacionales que parecen tangenciales. Un ejemplo es la insistencia de pro con las mascotas: el mismo Macri publicó fotos de su perro, Balcarce10, sentado en el sillón presidencial a poco de ganar las elecciones. En febrero de 2017 se autorizó a las mascotas a viajar en el transporte subterráneo de la ciudad de Buenos Aires. Ya durante la gestión de Macri como jefe de gobierno, la página web del gobierno de la ciudad incorporó una sección dedicada a los animales domésticos. De la misma manera se puede interpelar a cada sector de la sociedad con una medida específica que en otro momento habría parecido una desviación respecto de los pilares sobre los que se construyen la política y la gestión tradicionales.El poder de este tipo de comunicación puede tener patas cortas: por debajo de la comunicación existe una realidad sobre la que se pueden establecer relatos, pero que resulta muy peligroso negar. La experiencia del pasado reciente latinoamericano indica que cuando no existen canales democráticos para gestionar las necesidades reales de la población se acumula presión, y que esta puede desembocar en violencia y muerte. Por otro lado, la política sigue siendo un aglutinante poderoso incluso desde la diversidad, como demostraron las multitudinarias manifestaciones en apoyo a los docentes o por el aniversario del golpe de Estado en Argentina en el mes de marzo de este año, mientras se escribía esta nota. Pueden no ser suficientes en sí mismas para ganar una elección, pero distan de ser irrelevantes. Por el lado gubernamental, como señaló el analista de opinión pública Rosendo Fraga, la marcha «en defensa de la democracia», organizada por simpatizantes del gobierno, repuso al macrismo en la calle, un espacio político que suele negarla11.

Simplificando la discusión: si realmente hay gente a la que le interesan más las mascotas que la política, ¿está mal tomar medidas que los interpelen? ¿Debería un buen político buscar que la población se interese, en cambio, por la situación del país o por entender una política económica? ¿Podría lograrlo y ganar elecciones? La respuesta no es fácil, pero puede ser suicida para un político no planteársela siquiera.

  • 6.

    Fred Hiatt: «Trump Considers the Media His Enemy. We Shouldn’t Treat Him as Ours» en The Washington Post, 29/1/2017.

  • 7.

    «Art of the Lie» en The Economist, 10/9/2016.

  • 8.

    Amy Mitchell, Jeffrey Gottfried, Michael Barthel y Elisa Shearer: «The Modern News Consumer», cap. 3, Pew Reasearch Center, 2/2017, disponible en www.journalism.org/2016/07/07/the-modern-news-consumer/.

  • 9.

    Pablo González: «Jugada preparada» en El Gato y la Caja, 27/12/2017.

  • 10.

    Este es también el nombre de la calle sobre la que se ubica la Casa de Gobierno, en la ciudad de Buenos Aires.

  • 11.

    Declaraciones a «Esta mañana», Radio de la Ciudad, 3/4/2017.