Tema central

Antifeminismo online

Ejemplos de esta actitud se pueden ver por doquier en los comentarios hechos sobre cualquier artículo en línea relacionado con algún aspecto del feminismo. A saber: «Las mujeres de hoy tienen todas las herramientas para estar a la par con los hombres, incluso tienen privilegios que nosotros no tenemos y no por eso salimos desnudos a protestar», o «¿No a la violencia contra la mujer? No a la violencia contra nadie», o también «Ya es hora de dejar de victimizarse y buscar la verdadera igualdad de género, no terminar como todas las feminazis que solo buscan superioridad», y así siguiendo.

El antifeminismo online (como el offline) tampoco es una práctica llevada a cabo solo por varones. De hecho, a mediados de 2014, en pleno #GamerGate y no casualmente, surgió también el hashtag #WomenAgainstFeminism [Mujeres contra el feminismo] en Twitter, Tumblr, Facebook y YouTube, entre otras redes sociales. Mediante esa consigna, algunas mujeres comenzaron a publicar fotos de ellas mismas sosteniendo pancartas hechas a mano en las cuales indicaban las razones por las que desaprueban el feminismo. Por ejemplo: «No necesito el feminismo porque demoniza las construcciones familiares tradicionales»; «No necesito el feminismo porque el hecho de que te silben o te digan un piropo en la calle no es opresión»; «No necesito el feminismo porque no les echo la culpa a los hombres por acciones de las que soy responsable».Cuenta la leyenda que #WomenAgainstFeminism fue una reacción directa a una campaña bienintencionada llevada adelante por un grupo de estudiantes de la Universidad de Duke en 2012. El proyecto se llamaba «Who Needs Feminism?» [¿Quién necesita el feminismo?] y se proponía difundir diferentes postulados sobre la necesidad del feminismo en la actualidad con fotos en las que cada mujer exhibiera un cartel escrito con las razones que consideraba importantes. La iniciativa surgió a partir de la constatación de que muchas personas desconocían las propuestas y miradas del feminismo, por lo que la mayoría de las veces se guiaban por prejuicios y concepciones erróneas sobre el movimiento. Algunos de los cientos de mensajes que circularon en la campaña fueron: «Necesito el feminismo porque todavía hay gente que hace chistes porque considera que una violación puede resultar graciosa»; «Necesito el feminismo porque ‘ser hombre’ no debería significar menospreciar a las mujeres»; «Necesito el feminismo porque la neutralidad siempre ayuda al opresor, nunca a la víctima».

El atrevimiento

El movimiento feminista, amplio y heterogéneo, ha transitado diferentes etapas históricas con sus sucesivas «olas» y sus muchas discusiones, por lo que se suele hablar de «feminismos», en plural12. Pero mirar la realidad con «gafas violetas» (es decir, con perspectiva feminista) permite observar y desnaturalizar, entre otras cuestiones, el hecho de que, en nuestras sociedades, la diferencia sexual se termina convirtiendo en desigualdad social. Sin los feminismos, ¿quién cuestionaría que las mujeres acceden en menor medida a ciertas áreas del conocimiento, como las llamadas ciencias duras y las tecnológicas13, así como también a los lugares de liderazgo y conducción en el ámbito académico y empresarial, entre otros14? O ¿quién denunciaría que las mujeres son las que disponen de menos tiempo debido a la desigual distribución social en las tareas de cuidado: del hogar, de los niños, de los ancianos, de las personas con discapacidad15? Y ni qué decir del tema de las violencias contra las mujeres. Sin los feminismos, ¿quién se preguntaría por qué en nuestras sociedades una de cada cuatro mujeres a lo largo de sus vidas sufre un ataque sexual que puede terminar en violación16? Y estas preguntas son solo algunas de las que incomodan a quienes defienden a capa y espada el orden de cosas establecido, el patriarcado puro y duro.

El antifeminismo en las redes sociales existe en el terreno preexistente del machismo y la misoginia que imperan en internet desde hace rato. Y esta nube virtual solo es factible rodeada de un fluido viscoso llamado realidad en el que existe una discriminación positiva de facto de la que quedan excluidas las mujeres (y muchas minorías) para hacer y deshacer en la política, la economía, la academia y tantos otros espacios vitales. Y la realidad en los albores del tercer milenio parece circular por el farragoso terreno en el que los movimientos reaccionarios de nuevo cuño se encuentran en una posición fuerte, según observa Matthew N. Lyons, tan fuerte «como para perseguir la transformación de la cultura política y sentar las bases de un cambio estructural centrado en su visión de un Etnoestado blanco»… y macho, podríamos agregar.

Por eso ya casi no sorprendió cuando en Argentina un ejército de trolls, varios de ellos ligados al gobierno, atacaron al colectivo #NiUnaMenos y a feministas reconocidas, como la actriz Malena Pichot, justamente el día que se encontró el cadáver de Micaela García, una de las mujeres asesinadas este año. Varios de ellos se burlaron de la joven asesinada por pertenecer a una agrupación peronista, el Movimiento Evita.Existe un debate amplio entre feministas en torno de qué hacer ante los ataques que reciben en las redes sociales. ¿Quedarse y alzar la voz en los espacios virtuales o retirarse y sustraerse de la afrenta que dispensan seres muchas veces anónimos? Sarkeesian es de las que prefieren seguir adelante y no abandonar espacios bajo intimidaciones. Por eso, junto con su troupe de Feminist Frequency, desarrolló una guía para protegerse del acoso online17. En la introducción, dice: «Desearíamos no tener que escribir esto. Tomar algunas de estas medidas para garantizar tu seguridad online te costará tiempo real y, a veces, dinero. Es una sanción impuesta a las mujeres, la gente de color, queer y transgénero, y otros grupos oprimidos por atrevernos a expresar nuestras opiniones en público». Esa sanción impuesta muestra que todavía necesitamos más feminismo online y en las calles.

  • 12.

    V., por ejemplo, los artículos incluidos en el tema central de la revista Nueva Sociedad No 265, 9-10/2016, titulado «Geografías feministas», disponible en www.nuso.org.

  • 13.

    El informe de la Unesco Science, Technology and Gender: An International Report (Unesco, París, 2007) señala que las mujeres que no acceden a esas áreas del saber juegan en desventaja en el mercado laboral, ya que los puestos de trabajo mejor remunerados son los relacionados con la informática y las ingenierías. Y allí, claro, es donde las mujeres escasean.

  • 14.

    Andrea Bielli et al.: Proyecto iberoamericano de ciencia, tecnología y género. gentec – Unesco. Informe comparativo regional e informes nacionales de Argentina, Brasil, Costa Rica, España, México, Paraguay, Uruguay y Venezuela, Unesco, 2004, disponible en www.comunicacion.amc.edu.mx/comunicacion/docs/Reporte_Final%20gentec.pdf.

  • 15.

    La división sexual del trabajo dentro de los hogares en Argentina ha sido descripta en la «Encuesta sobre trabajo no remunerado y uso del tiempo», realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) durante el último trimestre de 2013. 90% de las mujeres realiza trabajo doméstico no remunerado, contra 58% de los varones. La medición en horas también muestra fuertes desigualdades: en promedio, por día, las mujeres dedican 5,7 horas a las actividades domésticas no remuneradas, mientras que los varones dedican 2 horas cada jornada, es decir menos de la mitad. Sobre este tema, v. María de los Ángeles Durán: El valor del tiempo. ¿Cuántas horas le faltan al día?, Espasa Calpe, Madrid, 2007, y Corina Rodríguez Enríquez: «Economía del cuidado, equidad de género y nuevo orden económico internacional» en Alicia Giron y Eugenia Correa (coords.): Del Sur hacia el Norte. Economía política del orden económico internacional emergente, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Buenos Aires, 2007.

  • 16.

    La socióloga Inés Hercovich escribió El enigma de la violación sexual (Biblos, Buenos Aires, 1997), un libro señero en la materia. A su vez, en Las estructuras elementales de la violencia (Editorial de la Universidad Nacional de Quilmes, Bernal, 2003), la antropóloga Rita Segato plantea que en nuestras sociedades patriarcales la violación forma parte de una estructura de subordinación que es anterior a cualquier escena en la que se concrete, y que el violador cuenta con una gran cantidad de interlocutores en la sombra.

  • 17.

    Disponible en inglés, castellano y árabe en https://onlinesafety.feministfrequency.com/.