Tema central

Antifeminismo online

Decir que el antifeminismo (como el machismo y la misoginia) no es un fenómeno nuevo ni exclusivo de las redes sociales parece una perogrullada a esta altura de la tournée. Baste recordar, por poner un ejemplo de los destacados, lo que sufrieron las sufragistas hace ya más de un siglo al luchar por el derecho al voto de las mujeres: las insultaban y golpeaban en la vía pública, las echaban de sus trabajos, las encarcelaban e, inclusive, les quitaban la tenencia de sus hijos e hijas. Más cerca en el tiempo, otro caso notorio de antifeminismo se puede ver cada año en los Encuentros Nacionales de Mujeres que se realizan en Argentina –en los que se congregan miles de mujeres–, cuando grupos católicos organizados intentan intervenir en diferentes espacios de discusión, sobre todo en los que se trata el tema de la educación sexual y el derecho al aborto legal, seguro y gratuito8. Las integrantes de estas organizaciones religiosas cumplen en estos casos una función similar a la de los trolls en las redes, es decir, emiten mensajes provocadores, irrelevantes o fuera de tema, con la principal intención de molestar o provocar una respuesta emocional negativa en quienes comparten el espacio de discusión.

Al ataque contra las gamers

Un caso paradigmático de lo que este ambiente hostil de masculinidad ofendida puede llegar a producir es el conocido como #GamerGate, un hashtag lanzado en Twitter en 2014 y luego continuado en otras redes para amilanar a desarrolladoras de videojuegos. El incidente comenzó con un ex-novio despechado, Eron Gjoni, quien publicó en un blog un extenso posteo (de más de 9.000 palabras) en el que contaba con lujo de detalles (incluyendo copias de chats y mails personales) la relación que había mantenido con Zoë Quinn, una joven desarrolladora de videojuegos.

El post de Gjoni revelaba, entre muchas otras infidencias, que su ex mantenía una relación con un periodista especializado en videojuegos. Esto hizo que una horda de machotes virtuales se lanzara a acosar a Quinn alegando que la buena respuesta de la prensa que había tenido el videojuego Depression Quest, desarrollado por ella, se debía a su relación con un periodista del rubro. Luego de meses de insultos, acoso y amenazas de violación y asesinato (realizados en nombre de la «libertad de expresión»), Quinn tuvo que abandonar su hogar, porque le habían hecho doxing y sus datos personales fueron difundidos por todos lados.

Pero Quinn no fue el único objetivo elegido por estos misóginos ofuscados. También participó de esta «controversia» la crítica de medios y videogamer estadounidense Anita Sarkeesian, creadora del proyecto Feminist Frequency, mediante el cual impulsa una crítica feminista a diferentes productos de la cultura popular. En 2012, ya antes del affaire GamerGate, comenzó a recibir amenazas de muerte y de violación cuando inició la colecta de dinero para financiar una serie de videos en Youtube, Tropes vs Women In Video Games, en la que con gran inteligencia y suspicacia analiza la misoginia que impera históricamente en los videojuegos. Desde entonces Sarkeesian –que fue nombrada en 2015 como una de las 100 personas más influyentes por la revista Time– ha recibido todo tipo de mensajes intimidantes, acusaciones y amenazas. Sus acosadores incluso crearon un videojuego que consiste en golpear su rostro hasta hacerlo sangrar. ¿Y qué más? En 2014, un día antes de que Sarkeesian diera una charla en la Universidad de Utah, la institución académica recibió un correo electrónico que decía que se generaría un tiroteo masivo en esa universidad si permitían que Sarkeesian diera su charla. El mensaje llevaba la firma de Marc Lépine, que es el nombre del joven que en 1989 se suicidó luego de asesinar a tiros a 14 mujeres en la Escuela Politécnica de Montreal (Canadá), clamando que luchaba «contra el feminismo». Finalmente, Sarkeesian desistió de la actividad debido a que las autoridades de la institución no estaban dispuestas a poner un detector de metales que permitiera evitar que personas armadas ingresaran en el auditorio.

En una entrevista realizada en 2015 por la periodista, escritora y bloguera feminista Jessica Valenti para The Guardian, Sarkeesian comentaba que el término troll para nombrar a las personas que realizan todo tipo de atropellos online contra las feministas le parecía demasiado pueril9. Para ella se trata directamente de acoso y abuso. «Es un ataque y una embestida contra las mujeres en la industria del juego. Su propósito es silenciar a las mujeres, y si no pueden, intentan desacreditarlas», decía en relación con el GamerGate.

Valenti también ha recibido durante años amenazas cotidianas por correo electrónico, en las redes sociales y en su teléfono celular. Finalmente, el año pasado, luego de recibir un mensaje por Instagram en el que un usuario la amenazaba con violar a su hija de cinco años, decidió definitivamente cerrar sus cuentas en redes sociales y retirarse de ese ámbito.

Nos explican…

Pero el antifeminismo online no solo se manifiesta en sus expresiones más extremas, como las expuestas previamente. Hay una gran cantidad de tópicos a los cuales las feministas deben hacer frente. Están los consabidos epítetos de «odiahombres» (cuando no de «feminazis»), «resentidas», «extremistas» e «histéricas», entre otras lindezas. Además, no es nada raro que las feministas deban tolerar, a veces con estoica paciencia, todo tipo de argumentos basados en la más pura ignorancia, como por ejemplo el básico: «¿Qué te parece si proponemos el respeto de hombres hacia mujeres y de mujeres hacia hombres?». Y también la falsa argumentación basada en la premisa de que quien explica algo se encuentra en una situación de superioridad: los hombres diciendo lo que les parece sobre feminismo (aun, y sobre todo, sin tener idea de qué se trata) y oponiendo sus reparos para que las feministas revean sus posturas. Esta actitud, que tiende a silenciar a las mujeres y que últimamente se nombra con el neologismo mansplaining (man + explain)10, ha sido ampliamente analizado por las feministas11.

  • 8.

    Amanda Alma y Paula Lorenzo: Mujeres que se encuentran. Una recuperación histórica de los encuentros nacionales de mujeres (1986-2005), Feminaria, Buenos Aires, 2009.

  • 9.

    J. Valenti: «Anita Sarkeesian Interview: ‘The Word Troll Feels Too Childish. This Is Abuse’» en The Guardian, 29/8/2015.

  • 10.

    Ruiz-Navarro, junto con la abogada feminista Estefanía Vela Barba, llevan adelante el proyecto «Estereotipas.com. Feminismo pop latinoamericano». Ellas han traducido mansplaining al spanglish como «manxplicadores» y realizaron un video muy ilustrativo al respecto.

  • 11.

    Un ejemplo reciente sobre este tipo de análisis es el realizado por la escritora estadounidense Rebecca Solnit en Men Explain Things to Me (Haymarket Books, Chicago, 2014).